Aquel hombre de pelo de nube, de cara nostálgica, de constante soledad, que el año pasado me llamaba la atención, era mi primer objetivo de encontrar este año al volver.
Estábamos solo en la urbanización y compartíamos sin conocernos, la misma afición al silencio.
De vez en cuando un saludo cruzábamos, casi siempre en el pueblo donde hacíamos las compras.
Pero jamas allí nos hablamos, era como si el silencio era lo mas importante que teníamos y que necesitábamos.
Sin establecer reglas los adorábamos y respetábamos como lo que mas.
Al atardecer en esos paseos que eran mi pasión , no puede evitar echar una mirada a aquel ventanal abierto.
Un mundo de encanto descubrí, era como si su espacio fuera diferente.
La decoración sencilla, pero a la vez rica, llenaban aquellas paredes, de objetos exquisitamente escogidos.
Libros en las paredes, en el suelo, en la mesa, todos metódicamente puestos.
Una vieja maleta, cuidada y amada, reinaba en el centro de la estantería, y estoy segura que era lo primero que el veía al sentarse en aquel sillón, que estrategicamente parecía puesto.
Flores blancas en un bello jarrón, muebles pulcros e inmaculados llenaban aquel lugar que me hizo sentir.
¿El por qué? aun no lo sé, a pesar de haber pasado un año de esto.
Pero sé que desprendria tal encanto, que a mi me embargaba.
Al seguir aquel paseo con mi cabeza llena de tanta belleza, me preguntaba que tenia aquel señor, que aturdía mi atención.
Justo al pasar, a la vuelta de aquel paseo, lo vi sentado en aquella gran mesa.
Escribiendo en una antigua maquina.
Mi corazón se sobresaltó, eramos dos, en un mismo , silencioso y apartado lugar, y que compartíamos un mismo amor. Las letras, las palabras.
Me di cuenta que todo pasa por algo, y que tenga explicación es otro tema.
Al verme tan sorprendida me sonrió, y me dijo en un español correcto, pero con dejes extranjeros:
Lee usted un buen libro señorita.
( No sabía que yo a el también le llame la atención, y justo sabia que leía).
Le di las gracias y le devolví la sonrisa.
En sus ojos vi, que aquella sonrisa a el le produjo algo, y de inmediato desapareció, y al fondo escuchaba,b el sonido de las teclas de su maquina de escribir.
Los días posteriores, seguíamos en nuestro sagrado silencio, nos comunicábamos con sonrisas de buenos días, de buenas tardes y de buenas noches.
Me sentía agusto, fueron días muy bonitos.
A los pocos días, parecíamos tener una complicidad, y todas las tardes que sabia que dormía la siesta y que la ventana de la habitación en la que dormía, daba cerca de donde escribía, ponía una suave música, que hacia que ese rato fuera el mas placido.
Jazz sedoso, agradable y fino, embriagaba, con sus notas el aire, y llegaba a todos los poros de mi piel.
Aquel saxofón, sugerente, abría mi mente, me hacia sentir tanto.
Embargaba mis sentidos, estoy segura que el lo sabia y por eso lo hacia.
El día que marché, no pude despedirme de el, no me importaba romper aquel pacto ,sin pactar.
Quería agradecerle tanto, sentido , tanto silencio.
No estaba, lagrimas derramé y mas de una vez, de el me acordé.
Este año al llegar casi a las mismas tierras, fui a la compra al mismo pueblo de siempre.
No sé, como alguien que conducía, sonreía, con unas de esas sonrisas de satisfacción plena.
Al mirarlo vi que era el, apareció en el justo momento que transitaba, por donde el conducía.
No me saludó, pero al pasar justo por mi lado, subió el volumen de la música , como señal única nuestra, sentida y sagrada.
Y segui viendo como se perdia, con esa sonrisa, que se que le hacia feliz
Inma-Luna